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Pregón Guerras Cántabras 2018

Autoridades, queridos amigos, buenas tardes:

Siento una enorme responsabilidad por ser la primera mujer en el ejercicio de pregonera en Los Corrales, magnífica población con un largo pasado histórico, y que conserva además un rico Patrimonio industrial que espero sepamos reutilizar y conservar.

Mi agradecimiento al Presidente de la Asociación Guerras Cántabras,  Oscar del Val, a la alcaldesa de Los Corrales, Josefa Fernández, a toda la Corporación municipal, a mis amigos Lino y Javier, y a todos vosotros que habéis conseguido, con vuestra ilusión, celebrar ya 17 ediciones de las Guerras Cántabras  y convertir esta celebración en Fiesta de Interés Turístico Nacional.. Enhorabuena.

Mi enhorabuena también para el ganador del cartel de 2018, Adrián Rozas.

Espero no defraudaros, y sobre todo no aburriros, porque estamos de fiesta. Pido disculpas si mi formación de historiadora y mi trabajo de voluntariado hacen del pregón algo no tan estimulante como esperabais.

Estamos de fiesta y   es muy sano asumir la Historia y conseguir convertir en lúdicos momentos trágicos de guerra, destrucción y conquista.

La conquista romana  cambió el modo de vida de los pueblos celtas de la Península Ibérica. Incorporarse al Imperio romano supuso la superación de otras formas de vida, después de que los Cántabros ofrecieran una dura resistencia.

Y dejó tras de sí una rica y perdurable herencia:   para poderse comunicar se unificaron todas las lenguas en el latín;  para poder administrar tan vasto imperio se implantaron la Ley y el Derecho Romano; las ideas políticas romanas y su organización administrativa, los impuestos, el reclutamiento, la filosofía de la inclusión de cualquier parte del imperio, incluso de las más remotas,  dentro de  una gran familia imperial, propiciando la unificación macro-territorial bajo la “autoritas” del emperador, (antecedente quizás de la actual Unión Europea?).

Unificaron los pesos y las medidas. Fueron el germen  de la propiedad privada de la tierra; nos dejaron  la cocina mediterránea, la higiene pública, la materialización de las  vías de comunicación, la arquitectura clásica y los modelos de creación artística, el pensamiento, la religión católica,  y tantas y tantas  otras cosas, después de haberse legitimado  como una cultura “superior” que beneficiaba a los cántabros a través del bienestar de todos los habitantes del imperio que favorecían  la paz, la justicia y el refinamiento.

En  el Congreso de Pueblos del Cantábrico en la Edad del Hierro, recientemente celebrado en Santander, su director Jesús Francisco Torres ha declarado “LOS ROMANOS TAMBIÉN TRAJERON DESTRUCCIÓN DE MUCHAS CULTURAS DE LA Edad del Hierro. Para muchos de aquellos habitantes supuso una especie de fin del mundo y sus daños son equiparables a los de la segunda guerra mundial”.

Ese mismo argumento presenta UNICEF en el día mundial del refugiado, celebrado el 20 de Junio 2018: “El número de niños que se ha visto forzado a desplazarse debido a los conflictos en sus países es el mayor desde la Segunda Guerra Mundial”.

Henrietta H. Fore, directora ejecutiva de UNICEF, ha declarado:

acabo de volver de Yemen, donde  he visto lo que tres años de guerra intensa -después de décadas de poco desarrollo y de una indiferencia internacional crónica- pueden causar en los niños: están fuera ​​de la escuela, se han visto obligados a combatir o a casarse, están hambrientos y mueren de enfermedades prevenibles. Hoy, 11 millones de niños en Yemen, más que toda la población de Suiza, necesitan ayuda para obtener alimentos, tratamientos, educación y agua y saneamiento.

 Desde 2015, debido a los ataques aéreos y los bombardeos, más de la mitad de los centros de salud han dejado de funcionar y 1.500 escuelas han sufrido daños. Al menos 2.200 niños han muerto y 3.400 han resultado heridos. Estos son solo los datos que hemos podido verificar. Las cifras reales podrían ser aún más altas.

 

No hay justificación para esta matanza

En toda guerra o lucha armada prolongada siempre hay injustificables motivos de fondo, como el control de los recursos naturales o humanos (tributos, ideología o religión), sometiendo, despojando y destruyendo al enemigo, en lo que se llegó frecuentemente  al genocidio. Este tipo de conducta gregaria es extensible a la mayor parte de los homínidos y se encuentra estrechamente relacionada con el concepto etológico de territorialidad, dicen los expertos.

 

Afortunadamente la Cultura, como aprendizaje, nos ha llevado a  la Ética, a unas normas de conducta para la convivencia.

Sócrates, filósofo clásico de la Antigua Atenas, 470- 399 a.C., ya reflexionó sobre el ser humano y sobre la Ética, y lanzó a sus coetáneos la siguiente pregunta, que aún hoy, nos es válida: “Si queremos tener bastantes pastos y tierras de labor, ¿tendremos necesidad de usurpar algo a nuestros vecinos y nuestros vecinos harán otro tanto con nosotros, si traspasando los límites de lo necesario, se entregan como nosotros al deseo  insaciable de enriquecerse?”….., “haremos pues la guerra en pos de esto?”….

Han pasado más de dos mil años y parece que hemos aprendido poco. El mundo sigue sumido en guerras tribales, económicas, geopolíticas, de religión, e incluso emocionales.

Sólo a modo de ejemplo y como Presidenta de UNICEF Comité Cantabria, les digo que:

Los niños de Siria siguen pagando el precio más alto por una guerra de la que no son culpables. Desde 2011, cuando comenzó el conflicto, cerca de 6 millones de niños se han visto desarraigados de sus hogares. Incluso el acceso humanitario básico es muy arriesgado, si no imposible,  en  esas regiones.

En otros lugares se obliga a los niños a cometer ataques suicidas; se les separa de su familia, mueren en las guerras, se les viola, no acceden a la educación, tienen que emigrar… Y por si lo anterior no fuera suficiente, 151,6 millones de niños y niñas de entre 5 y 17 años se ven forzados a trabajar.

Esto es sólo un apunte del panorama mundial, motivado por las guerras y la falta de Educación. Existen otros motivos para la desgracia,  como el cambio climático, los terremotos y desastres naturales, las epidemias…

Nos encantaría poder cerrar UNICEF, pero aún es necesario su trabajo. El  Fondo de Naciones Unidas para la Infancia, se ocupa de  la  Supervivencia, la Educación,  y la Protección de la infancia. Se esfuerza en  paliar la crisis de refugiados y migrantes en Europa;  trata de que los niños puedan acceder a la educación formal…

Las necesidades son muchas y las estrategias para paliar los problemas diferentes y adaptadas. Pero resolver las situaciones de tantos millones de seres humanos es cuestión de ETICA y de voluntad política Internacional.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030 de las Naciones Unidas hacen un llamamiento mundial para establecer medidas que desemboquen en el  fin de la pobreza, la protección del planeta, y la garantía de paz y prosperidad para  todas las personas.

Nosotros tenemos la suerte de haber nacido en Occidente y de poder convertir en festivas las Guerras Cántabras. A ver cuándo estas y otras poblaciones pueden hacerlo.

Pero, sigamos con la Historia:

No sabemos cuál hubiera sido la evolución de los pueblos celtas de la Edad del Hierro, mucho más desarrollados, sibaritas y cohesionados que lo que las fuentes romanas nos han querido  presentar, ya que ágrafos,   sólo les conocemos por las escasa y viciadas fuentes de los historiadores romanos clásicos, y a través de la Arqueología, que nos muestra elementos de adorno personal y ajuares muy sofisticados con un alto valor simbólico y estético

Es una pena que no haya Política de Patrimonio en Cantabria, y que la falta de  fondos públicos y privados destinados a las campañas de excavación no permitan conocer más. Existen aún numerosos yacimientos localizados que no se pueden excavar. Y arqueólogos científicos pioneros como García Guinea o Echegaray,  otros felizmente vivos como Ramón Bohígas, Manuel Alonso, Peralta Labrador, Alix Serna,  Lino Mantecón o Javier Marcos y Gutiérrez Cuenca, además de otros tantos profesionales vocacionales, tienen el enorme mérito de no desfallecer. Gracias a su empeño y empuje  vamos lenta y paulatinamente profundizando en la información sobre el funcionamiento de las sociedades que nos han precedido.

Los romanos se encontraron con grandes poblados fortificados y estables en el territorio, que reúnen funciones  productivas, comerciales, religiosas y políticas, lo que  ha sido considerada como la primera aparición en Europa central y occidental  de ciudades (oppida). (S.III a c.)

Se encontraron con una sociedad gentilicia que se va sedentarizando y tiende a convertir el paisaje en territorio, en un sistema de relación con la naturaleza que monumentaliza el paisaje. El valle se convierte en  la unidad básica de construcción espacial, actúa como cuenca visual y recoge toda la variedad de posibilidades naturales que exige el sistema productivo campesino.

Cada uno de los  populi tenía un tipo de organización de carácter parental que agrupaba a distintas unidades familiares relacionadas entre sí por lazos de parentesco. Se trata de grupos humanos cohesionados, dirigidos por unas elites sociales escasamente  diferenciadas, que han optado por la territorialización y son capaces de movilizar  a sus coetáneos para levantar  construcciones colectivas como los grandes muros de los castros, otros edificios públicos y construir  el terrazgo.

La conquista de espacios agrarios se hacía practicando la rotura de la vegetación, mediante roza de fuego, tala y desbroce, para crear espacio de sembradura, o de pastos.  La filología nos dice que el origen de la voz serna, -seguro que uds. conocen más de una serna-, es de probable etimología celta, e incluso pre-celta. La tierra así ganada colectivamente  se explotaba una serie de años y se abandonaba cuando había perdido su rendimiento óptimo para la época, creándose nuevas sernas, cuando la presión humana lo requería.

Para evitar el arrastre por escorrentía podían modificar el terreno mediante aterrazados, otra técnica que ha pervivido en el paisaje cuyo origen pudiera estar en el inicio de la sedentarización y de la agricultura. Se trata de una construcción comunitaria campesina del territorio, traducción espacial de una forma de organización de la sociedad y de la relación dialéctica entre ésta y la naturaleza.

La ganadería era su principal actividad económica. Los pastos de invierno y de verano se aprovechaban  a diente practicando  la trashumancia de corta distancia.. El crecimiento poblacional lo resuelven a partir de la fragmentación del grupo y colonización de nuevas áreas aptas para su economía campesina.

Es imposible conocer si estos pueblos tenían de sí mismos un sentido identitario o cada oppidum funcionaba de manera autónoma.

Y llega Roma.

Tras la conquista (29-19 A.C.) el ejército romano asume funciones de autoridad civil, se ocupa de las infraestructuras, la administración, levas,  fiscalidad,  explotación económica y aplica el modelo cultural romano, costumbres y modos de vida,  que los pueblos deben de asumir, con la colaboración de los jefes de linaje que mediaban entre la administración romana y sus pobladores. 

A falta de estudios territoriales es difícil definir el proceso de sometimiento del mundo indígena cántabro. Se habla de distintas respuestas políticas:

– el  choque frontal; auténticos asedios en la Espina del Gallego, La Loma (Santibáñez de la Peña, Palencia), Monte Bernorio en la zona meridional… 

A Eduardo Peralta le debemos la identificación arqueológica de los primeros campamentos de campaña asociados directamente a las guerras cántabras, a las que se han ido añadiendo recintos militares romanos y asentamientos indígenas con evidencia de asedio.

También se pudo practicar la guerra de guerrillas; la retirada a lugares menos accesibles; el sometimiento pacífico, vía pactos o por la simple fuerza de los acontecimientos, e incluso grupos que se mantendrán en los mismos oppida, etc. .

El territorio posee carácter tributario igual que la ciudad, la comunidad se convierte en sujeto fiscal y entidad jurídica, con autonomía para repartir las cargas internamente.

Todo indica que los romanos reorganizaron los centros rectores del territorio sobre la base de los asentamientos existentes. Y que Roma aplicó a Cantabria, como a Asturias,  una política enfocada a la explotación de los recursos económicos y humanos, sacando provecho de su estructura social.

Los Pactos de Hospitalidad, documentos de carácter público, inducidos por los conquistadores romanos, así lo indican: buscan la consolidación de su reorganización territorial para la reestructuración social,  y suponen un modo de integración de las comunidades indígenas en el mundo romano a través de los grupos aristocráticos; vinculan la comunidad sometida a miembros de la administración imperial; establecen lazos entre comunidades; favorecen las relaciones comerciales, etc., .etc. En el imperio romano tardío el patrocinium, patronazgo o protección, seguía existiendo (Wickham, 2008, 747).

Vespasiano (73-74 d.C.) homologa finalmente las formas prerromanas indígenas de organización política, las gentes, al sistema político e institucional romano, provoca el nacimiento de nuevas circunscripciones político-administrativas sobre la base de las comunidades indígenas preexistentes, y que funcionan como cabezas comarcales o locales del territorio.  Y además el suelo de las provincias asume, como el de Italia,  el derecho de propiedad, sin dejar de tributar al imperio.

Sin embargo, la estructura fiscal  romana alteró las formas de relación social entre  agricultores y  las élites:   fuerza a los campesinos  a pasar de la producción para el propio abastecimiento a la producción de excedentes, lo que requiere una intensificación de la producción y facilita el salto de lo local a lo regional. Y reduce la libertad de los  colonos, o agricultores libres de las aldeas, que debían de pagar un censo,  lo que aumentaba la  dependencia de los señores.

Resumiendo, el siglo I (D.C.) se puede caracterizar por la creación de nuevas aldeas, la transformación urbana y la reparación de la red viaria, así como la apertura de nuevos circuitos comerciales. A lo largo del siglo II se intensifica el proceso de municipalización y  las relaciones comerciales se hacen más estables. El siglo III es el de inicio de la decadencia del imperio, se despueblan las ciudades y el comercio disminuye. Después de la crisis de mediados del siglo III, ya en el IV,  De rebus bellicis, aconseja proteger el imperio con un cinturón ininterrumpido de murallas, fortificaciones y torres (turris) erigidas a intervalos regulares.

Y se hace el silencio…

Los siglos IV, V y parte del VI, son siglos tardorromanos.

Durante la dominación visigoda del siglo VI es ya visible el proceso de plena romanización de los pueblos cántabros; se inicia la expansión cristiana por su territorio, que se completa pasado ya el siglo VIII.  Cantabria es una regio dentro de la provincia de Galicia y el Ducado de Cantabria (653-683),  tiene su sede episcopal en Amaya.

La invasión musulmana y la toma de Amaya hacen desaparecer esta organización y hasta el nombre del ducado de Cantabria se desvanece.

Cantabria desaparece integrada en el Reino Astur.

Y se produce el paso de la Antigüedad al Feudalismo;  desde el castro a la aldea, poblamiento concentrado asentado en el llano. Fue la colonización agraria de estas aldeas la que  propició la crisis de las estructuras indígenas ancestrales basadas en el castro, facilitando las comunidades de aldea.

Incorporarse al Imperio romano supuso la alteración de otras formas de vida, la de los pueblos cántabros, pero esta síntesis cultural produjo y dejó tras de sí una rica y perdurable herencia, que hoy forma parte de nuestras vidas de forma natural.

A ver cuándo  tantos países en guerra pueden, como vosotros, convertir en lúdicas, etapas sangrientas de guerra y destrucción.

Permitidme una recomendación: Pasadlo muy bien, pero  seamos conscientes y solidarios. Aprendamos de la Historia y disfrutemos  de la fiesta.

Muchas gracias.

 

Esperanza Botella Pombo

16 agosto 2018

2018-09-03T11:50:02+00:00

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